
Que esté tranquilo el club de fans, su cúmulo de despropósitos preferido sigue adelante, tan sólo que su autor se ve envuelto en una vorágine de acontecimientos, compromisos y obligaciones que le tienen extremadamente ocupado. Como siempre, algunos de ellos se deben a una concatenación de malas decisiones, otros, sin embargo, a la necesidad monetaria y a las necesidades curriculares que uno ha asumido desde el mes de octubre del pasado año. En cuanto a la biología, me temo que tantos acontecimientos, compromisos, obligaciones... están haciendo mella en la otrora mala salud de hierro que un servidor posee y que ahora, en el momento actual, podría prescindir del elemento de la tabla periódica (a falta del pertinente análisis de sangre que descarte la anemia, conviene el galeno que podría tratarse de estrés - 'amos, no me jodas!!!). Toda vez que sigo resistiendo y que en mi ánimo está el continuar relatándoles a base de entradas, todo cuanto me acontece, les explicaré qué es un embolado. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Apañola, se trata de un cometido engorroso o una situación o problema difícil que expone al deslucimiento. Vamos, lo que se dice en román paladino un auténtico "marrón". Las necesidades monetarias de quien suscribe y la oportunidad de ganar algo de pasta (plata, que dirían allende los mares; y aquende, la colonia de ultramar) le motivaron aceptar lidiar con este Miura con dos bolas ardiendo en los pitones (no, no me refiero a los testículos del toro, sino a la salvajada de colocarle dos bolas ardiendo en los cuernos al bravo mamífero, que se celebra en algunos puntos de la Península y que recibe el nombre de "toro embolado", de ahí la metáfora...), creyendo que iba a ser tan sencillo como publicar una entrada en el blog. Pero no, la cosa tiene algo más de dificultad o al menos, a falta de los resultados esperados, provocan que mi estado de ansiedad se incremente por momentos. Desconozco cómo voy a salir de ésta, lo que puedo asegurar es que horas de sueño me van a faltar a partir de la semana que viene, pues mi compromiso laboral (que no contractual... así es como funcionan estos chollos) así lo requiere.
El segundo embolado, es el que se refiere a mi compromiso curricular y es que de aquí a que termine el mes, debo ponerme manos a la obra con lo que será mi tesina, o mejor dicho, el trabajo que presentaré como proyecto de fin de máster; pues como dije tiempo atrás, mi partida hacia Levante está prevista para el 16 de junio (si el tiempo no lo impide y la autoridad competente lo permite). La dificultad estriba en este caso en la ausencia de datos por parte de la contraparte y la vorágine de convocatorias que tienen a mis asesores y mentores ocupados en otros menesteres.
Concatenaciones de malas decisiones aparte (ya no me agobio por eso, que conste, y que cada palo que aguante su vela), el estrés del final de una etapa, sumado a que un servidor se cree que es el origen de todos los males de este mundo, hacen que hoy me refugie en las letras de mi poeta preferido, Miguel Hernández y finalice esta entrada con un soneto "taurino" (a ver quién es el listo que interpreta el significado...) y una dulce canción de la atractiva cantante francesa Zazie, cuyo título es J'envoie valser (literalmente: yo mando a freír espárragos... creo que la expresión mandar a tomar por el culo no es apropiada para esta canción, respetando el contenido homoérotico del sintagma "culo-culo", acuñado por dos de mis insignes amigos). Que ustedes lo disfruten
Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto.
Como el toro lo encuentra diminuto
todo mi corazón desmesurado,
y del rostro del beso enamorado,
como el toro a tu amor se lo disputo.
Como el toro me crezco en el castigo,
la lengua en corazón tengo bañada
y llevo al cuello un vendaval sonoro.
Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro.