lunes 5 de diciembre de 2011

El gato (y 400)

Mucha gente que me conoce sabe de mi alergia a los gatos. Me cuesta respirar, se me ponen los ojos rojos e hinchados y me pica todo el cuerpo. En la medida de lo posible trato de evitar el contacto con gatos o estar en lugares donde haya gatos, ya que a veces no es necesario tocar uno para ponerme como me pongo. A pesar de todo ello, los gatos son animales que me gustan. Me encanta su carácter independiente y sus movimientos ágiles y elegantes. Sin embargo nunca he podido tener un gato conmigo. 

Todo eso cambió cuando vine a Nicaragua. Aquí los gatos no viven dentro de las casas, sino más bien fuera. Eso ha permitido que pueda convivir con ellos. Con tal de no tocarlos, es suficiente. Desde entonces dos gatos han pasado por casa. Una gata y un gato, para ser más precisos. La gata ya la encontré por aquí cuando llegué. Pelusa se llamaba. Era más bien casera, no desaparecía. Recuerdo el escándalo que montaba por la noche, con otros gatos. Una mañana apareció muera a dos casas de la mía. Dicen que hay un tigrillo suelto por el vecindario y que probablemente le diera una paliza. El caso es que cuando nos estábamos acostumbrando a vivir sin gata y luego de llegar los dos perros (un french poodle y otra marca "acme"), amén de continuar con vida el viejo cocker de la casa; llegó un nuevo habitante a nuestro zoológico. Al principio pensaron que era gata y se la llamó Chanel (más bien por la inercia de que el french poodle se llama Gucci, aunque yo prefería llamarlo Cerbero). Más tarde nos dimos cuenta de que esas pelotas que le habían salido debajo del rabo eran la prueba evidente de que se trataba de un macho. Aún así, conservó el nombre (yo hubiera preferido llamarlo Azrael, Nosferatu o Nabucodonosor, pero no siempre se tienen en cuenta las opiniones cualificadas). Chanel es un gato como la mayoría de los gatos, no hace ni caso a nadie, se va de paseo y aparece cuando tiene hambre, se sube al carro cuando llegas del trabajo y se mete en la valijera cuando vienes del súper y vas a sacar las bolsas.

Se ve que Chanel es amante de las broncas porque no es raro el día que llega renqueando o con el ojo hinchado o la cara y el cuerpo lleno de arañazos. Ya no se oye hablar del tigrillo, pero sí que se oyen peleas de gatos por las noches. Cualquier día me lo desgracian por culpa de alguna gata.

Con esta llego a la entrada 400, lo cual no es ninguna proeza si tenemos en cuenta que he tardado 7 años en llegar hasta ese número. (Toda mi admiración por elespiadelbar que va ya por la 1023 y subiendo, y otros tantos bloggeros que han sido más regulares y no han tenido tantas crisis como un servidor - y si las tuvieron salieron pronto de ellas) Siento que de aquel estudiante de oposiciones que comenzó a escribir, hasta el formulador de proyectos que vive en el extranjero ha habido una transformación. Cambios de lugar, de parecer, de actuar, de escribir, de sentir. Todo lo que es la propia experiencia vital de uno y que se plasma sobre lo que uno escribe. Miro hacia atrás y veo que he escrito muchas chorradas que me hacen sonrojar. También he escrito alguna cosa buena y sobre todo he puesto muy buenas canciones. El año pasado escribía acerca de que no iba a llegar a superar las 20 entradas este año. Puedo decir que he batido mi propio récord este año y creo que si no cambia la cosa, seguiré escribiendo más y más. Tal vez no alcance nunca a Canichu, pero estaré en ello.

Esta mañana al ponerme los pantalones, se me han roto de la entrepierna. Son los terceros pantalones que se me joden en el último mes. Lo mismo ocurrió con los zapatos. Dos pares de zapatos los he tenido que tirar a la basura porque les han salido sendos agujeros en las suelas. Ya ni hago cuenta de todo lo que se ha "fregado" en las últimas semanas. Cosas que vinieron conmigo hace 3 años y que se están rompiendo o desapareciendo. No sé por qué, pero todo me huele a un cambio de ciclo. ¿seremos capaces de ganar el sábado?